Se trata de potenciar el talento, por medio de los valores que sostienen la lealtad, que son parte de la motivación intrínseca y conexión con las organizaciones.
La lealtad es una virtud que se valora mucho en el ámbito
laboral, ya que implica un compromiso con la organización, con los objetivos y
con los compañeros de trabajo. La lealtad se manifiesta en valores como la honestidad, la
confianza, el respeto y la colaboración. La lealtad también implica defender
los intereses de la empresa y de los colegas, así como evitar situaciones de
conflicto o de competencia desleal.
El talento es indispensable
en los profesionales, ya que representa la capacidad de desempeñar una
tarea o una función con excelencia, creatividad e innovación. El talento se
puede desarrollar mediante la formación, la experiencia y la práctica, depende
de factores como la motivación, la actitud y la personalidad; se puede
medir por los resultados que se obtienen, pero también por el valor que se
aporta a la organización y a los clientes.
La lealtad y el talento son dos conceptos que pueden
parecer opuestos, pero que en realidad se complementan y se potencian
mutuamente. Por un lado, la lealtad favorece el desarrollo del talento, ya que
genera un clima de confianza, de seguridad y de apoyo entre los miembros de un
equipo de trabajo. La lealtad potencia
la confianza y permite que cada uno pueda expresar sus ideas, sus
opiniones y sus propuestas sin temor a ser juzgado, criticado o
marginado; también facilita el intercambio de conocimientos, de
experiencias y de feedback entre los compañeros, lo que contribuye al
aprendizaje y al crecimiento profesional.
Por otro lado, el talento refuerza la lealtad, ya que
implica un compromiso con la calidad, con la excelencia y con la mejora
continua; es vivir la visión como dueño
del negocio utilizando el talento al servicio de la organización y
del equipo, elevando todas las
habilidades, los conocimientos y las competencias que se poseen, así como
buscar constantemente nuevas formas de hacer las cosas mejor. El talento
también implica reconocer el valor del trabajo de los demás, así como agradecer
y celebrar los logros colectivos.
Hemos visto proyectos en los cuales sus líderes se
rodean de muchas personas leales, pero fracasan por no contar con las
competencias requeridas para lograr los objetivos, también hemos visto personas
muy capaces dentro de un proyecto pueden hacer que este fracase, por falta de
compromiso, por no ser leales a propósito y misión del proyecto.
En la Fuerza Armada me enseñaron que una libra de Lealtad
vale más que un Kilogramos de talento y muchas veces ese puede ser el sentir y
el camino para trabajar a gusto, pero sin el talento requerido el esfuerzo
aumenta y las posibilidades de fallar aumenta. Si nos rodeamos de personas
leales, tenemos que tener la convicción de capacitarlos y guiarlos para que
adquieran el talento y si llegas a un equipo donde rebosa el talento, tu foco
debe ser concretar actividades donde, la
empatía, la cohesión y el compañerismo se fomenten, hacerles
entender el propósito, las metas y como su talento ayuda al logro, entrenar a
tu personal como a un equipo y esto podrá incrementar la empatía, el
compañerismo y la lealtad, el trato respetuoso, valorar sus aportes, dar el
ejemplo, el feedback constante y la comunicación asertiva, también ayuda a
incrementar estos lazos.
En conclusión, la lealtad y el talento son fundamentales
para el éxito de cualquier organización y de cualquier equipo de trabajo. La
lealtad genera un ambiente de confianza y de colaboración, mientras que el
talento genera un ambiente de innovación y de excelencia. La lealtad y el
talento no son excluyentes, sino que se necesitan y se enriquecen mutuamente.
Si entendemos el fluir de tu equipo, sabrás donde debes
poner el foco para lograr ese equilibrio que te dejara navegar las corrientes
del éxito junto a tu equipo de trabajo.
Dr. Juan Carlos Duarte

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